MI ISLA, TU ISLA, NUESTRA ISLA…Viaje por La otra isla de Francisco Suniaga – Maria Dolores Ara

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´´La verdad siempre es entendible, pero primero hay que descubrirla.´´ Algo así dijo Heidegger, el filósofo que se dedicó a investigar la naturaleza de la verdad y por qué no era bienvenida entre los hombres. Encontrarnos con una historia que revela los amores contradictorios entre apariencia y realidad, el choque entre lo que parece y lo que es, y ver esa embestida frontal en el marco del idealizado Caribe tropical, el nuestro, el que nos miente y al que le mentimos para negar su lado brutal , negro y más negro a fuerza de edulcorarlo, es una de las virtudes de esta magnífica novela que se disfraza de policial para que el descubrimiento de la penúltima verdad que nos señala sea soportable. La otra isla es el ´´otro´´ que todos ocultamos, lo que no se ve porque no queremos que se vea, y así, desde su rincón , destruye con sigilo lo mejor de cada casa, isla u hombres.

MI ISLA

Francisco Suniaga nos cuenta a la isla, a la Margarita de todos los tiempos desde la mirada propia que encuentra en el protagonista, Jose Alberto Benítez y en su coro de compañeros de tertulia , asentados en La Asunción, la mirada más ingenua y resignada acerca de cómo se siente la isla en el corazón de los perdedores. Huérfanos de tierra firme, de asideros, de lugar en la historia, y de éxito, el conjunto de amigos que se citan por las tardes a evaluar la vida de la isla en la isla, comparten el terruño como un salvavidas que los rescata y al mismo tiempo los hunde. Derrotados en todas las guerras, cansados de luchar contra el azar y el caos de una escenografía rebelde repasan y repasan, en cada una de sus reuniones intelectuales, los vicios y virtudes de su isla en un intento de domesticación, sabidamente inútil, pero que juega a darle sentido a ese disparate vital.

Todos la piensan, a la isla, todos rinden culto a la que solo existe en su cabeza, como una idea que los sostiene, entre el orgullo y la decepción, y se racionaliza para huir de su condición de marginados, periféricos del mundo que está más allá de la costa, y perdidos en esta fantasmagoría inverosímil que es Margarita la bella, la amable, la dulce y sabrosa, la luminosa, acogedora y humilde isla que esconde mucho más de lo que muestra.

TU ISLA

La mirada extraña nos pinta a la isla desde ojos alemanes. Los que vinieron a cumplir fantasías de sol y luz , y se quedaron a broncearse sin tomar precauciones. Los que decidieron aventurarse y correr todos los riesgos, más uno. Los que vienen a buscar razones a un mundo que se burla de la lógica y se van a punto de perder la razón. Los que entierran la razón derrotada. Los que se inventan una nueva lógica para sobrevivir.

Dieter, el cónsul alemán, la pareja joven de los Krautze,y la madre de Wolfgang dan cuenta del impacto del paisaje natural caprichoso, improvisado,delirante, excesivo, casi hasta el absurdo. El paisaje humano llega en forma de seres primitivos, animales felices e inmediatos que Dieter envidia y admira desde su cerebro ya invadido por los efluvios de la cerveza nativa que le abultan el vientre tanto como a los pescadores que observa. La vieja Sra. Krautze tropieza con el margariteño que se ocupa de la inmigración en el aeropuerto y sus ojos reseñan a hombres lentos, gordos, burdos, de sonrisas cálidas y gestos duros. El paisaje de asfalto es todavía más inconcebible: automóviles destartalados,edificios torcidos, a medio levantar, calles rotas, ruido atormentante, algarabía, un pandemonio donde no tener reglas es la regla. La Sra. Krautze no ha visto nunca nada igual, …y lo que le falta por ver..

NUESTRA ISLA

Ambas miradas intentarán reunirse en la pesquisa doble que la novela desarrolla. Por un lado la búsqueda de la verdad sobre la muerte de Wolfgang Krautze, ahogado en Playa El Agua , y la búsqueda del texto original del que sale el fragmento soñado por Benítez que constituye un enigma imposible de evadir. Las dos incógnitas abrirán las puertas para pasar al mundo oculto, al 70 % del iceberg que nadie puede ver y contra el que se choca irremediablemente.Las puertas a la otra isla.

Edeltraud Krautze viaja desde Alemania a Margarita para saber la verdad sobre la muerte de su hijo Wolfgang quien se ha ahogado en la playa, pero ella tiene un anónimo que acusa a su nuera alemana y a su amante margariteño de asesinarlo. Hay otra verdad en nuestra isla, o puede haberla.

Las investigaciones sobre el caso las hará Benítez, el abogado local, que habla alemán por haber estudiado en ese país, el que podía haber hecho tantas cosas que no hizo, esa promesa incumplida de felicidad con forma humana que también es isla y país. A ese le toca averiguar la causa verdadera de la muerte de Wolfgang, y ese viaje será realizado al corazón del realismo mágico experimentado en la vivencia doméstica, no en la literatura.Su contacto con la policía, el forense, el fiscal, el dueño del kiosco vecino al de la esposa de Wolfgang, Renata, en Playa El Agua; Richard, su amante; el gallero Fucho, forman un indescifrable laberinto de voces, un código encriptado de signos que levantan un muro desordenado e impenetrable por donde la verdad no se asomará ni que suceda un cataclismo. Nuestra isla tiene inscrito en su código de honor torpedear todo acceso a su ser real tras el telón gracioso del acento de los ñeros, la música dulce y lánguida , la luz casi divina de su sol , la transparencia benigna de su mar caliente. Pura trampa. En la que cayeron Renata y Wolfgang cuando quedaron hechizados por nuestra isla y se quedaron. La otra isla no perdonó la ingenuidad y la cobró caro.

En nuestra isla , Pedro Boada, ayuda a Benítez a buscar el fragmento literario que ha soñado en inglés. Boada es un psiquiatra sin título , castigado por revisionista cuando estudiaba su carrera en la antigua URSS, desencantado del comunismo, sigue preso de su credo fantasioso, que todavía lo ilusiona, en teoría. La práctica impide cualquier sueño. A la voz de Boada le debemos las líneas más claras y emotivas sobre la historia, avatares y debacle de la izquierda venezolana, incluyendo la llegada al poder del penúltimo monstruo. Nuestra isla sufre las atrocidades del régimen absurdo. El otro país acecha y gana la partida, tras la apariencia de una solución reivindicadora y justiciera. Hay otra revolución detrás de lo que nunca ha sido una revolución.

Boada busca trozos de literatura anglosajona donde pueda estar la clave de lo que ha soñado su amigo. Lo que encuentra pertenece a la otra isla.

LA OTRA ISLA

Los diarios de Wolfgang nos hacen bajar al infierno. La otra isla nos ametralla desde las peleas de gallos que se llevan el alma noble de Wolfgang, cuya estructura mental se desmorona frente al rito despiadado y sangriento de los animales en lucha. Un ritual cruel y descarado, un juego arcaico y promiscuo que hace hervir la sangre y calcina la razón. Que bestializa a los hombres, deseosos de perderse en él revueltos en alcohol barato, apuestas sucias y sexo brutal, combinación suficiente para destruir la cordura de cualquiera que venga de latitudes en línea recta. La otra isla lleva a Wolfgang al intento de suicidio, al alcoholismo, a la destrucción de su matrimonio, a su ruina. La otra isla encierra tal dosis de furia que lo deseable es lavarla ahogándose en el mar.

La búsqueda del fragmento original soñado por Benítez va avanzando en descenso hacia otra isla significativa. Empieza por el relato que hace Boada del caso Burakief , uno de los más absurdos de la literatura:un poeta joven y desconocido gana meritoriamente un concurso literario en la URSS con una obra que no respeta los mandamientos stalinistas sobre lo que el arte debe decir. Los jurados lo premian por su innegable valor. La KGB investiga quién es el osado y resulta que es un chico que confiesa no ser escritor y dice que le dictan lo que escribe. Lo internan en un psiquiátrico donde termina sus días sin crear ni un solo poema. Este prólogo que destaca el absurdo como desencadenante de una desgracia deshumanizadora abre la compuerta a la indagación posterior.

Joseph Conrad y George Orwell son los dos autores que Boada identifica con las líneas soñadas o dictadas a Benítez. Por escribir en lengua inglesa, principalmente. Por provenir de colonias sometidas a un imperio, por hablar de la otra cara de la civilización: la cara indecente de los amos, la falsa careta de protectores. Sobre todo porque ambos cuentan cómo se degradan los hombres al contacto con mundos que no entienden, que no se molestan en entender.Mundos que lejos de estar sojuzgados, aniquilan a los colonizadores enloqueciéndolos por la fuerza de su locura salvaje. La venganza es implacable y opera en registros indetectables a simple vista. De Conrad, nos muestra su impecable narración Lord Jim (se nos antoja un alter ego de Wolfgang y Benítez) y El corazón de las tinieblas; la historia de la más impía gesta colonizadora, la de los europeos en África. De Orwell, menciona uno de sus cuentos breves inolvidables, Matar un elefante, una joya que denuncia la degradación humana cuando lo colectivo se entroniza sobre el individuo y lo obliga a desnaturalizarse. A la luz de lo que la otra isla es capaz de hacer, vale la pena recordar una de sus mejores frases:¨Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano.¨

Nada de esto dará con el autor de las líneas que obsesionan a los dos personajes. La verdad, como de costumbre, está tan cerca que no se distingue. Se trata de ´´Luvina´´, memorable cuento del mexicano Juan Rulfo, que nos habla de la inmensa soledad de un pueblo cuyo único oficio es esperar la muerte entre olvido y miseria.Luvina es un purgatorio idéntico al que atravesó la Sra. Krautze cuando caminó por las calles de Porlamar a las 2 de la tarde bajo un sol de justicia para reunirse con Benítez y empezar su condena. Un círculo dantesco donde se eslabonan las sinrazones para acabar hasta con la fe en Dios, que está dedicado a hacerle milagros a la isla para que flote.

En la otra isla no hay verdad que valga. ¿Por qué el texto de Rulfo en inglés? El crimen de Wolfgang pudo serlo o ser un suicidio, un accidente. La verdad es caprichosa, indescifrable, resbalosa como la isla, como el país, como la vida.

Para mantener la cordura en las otras islas que somos y habitamos aconsejo acompañarnos de esta frase, justamente, de Conrad: ¨ Lo que hace trágica a la humanidad no es que sea víctima de la naturaleza sino que esté consciente de ello. En cuanto conoces tu esclavitud del dolor, de la ira, de la violencia comienza la tragedia.¨

Suerte.

Análisis de la novela Fahrenheit 451, Margareta Hargitay Wieser – Psicoanalista Asovep

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El psicoanálisis dirige su mirada a lo singular del sujeto en la clínica dentro de nuestros consultorios. Sin embargo a veces usamos nuestra óptica psicoanalítica para tratar de comprender películas, novelas, etc. Quisiera en este momento revisar la novela Fahrenheit 451 desde tres vértices que a mi parecer nos brindan una mirada más allá de lo evidente y que se complementan entre sí. Esta novela de Ray Bradbury pertenece al género de la ciencia ficción distópica.

1- Desde «El Malestar en la Cultura» de Freud (1929[1930]) La distopía es una visión hiperbólica, una exageración que muestra lo que podría ser una sociedad a través de una realidad o fantasía imaginaria. Bradbury logra mostrarnos con toda crudeza cómo los sistemas de dominación totalitarios se van perfeccionando para subyugar nuestra individualidad, es un abordaje de control muy sutil. Nos plantea una vez más como una distopía(pulsiones agresivas, destructivas y de control) se esconde en este caso detrás de una brillante envoltura de utopía (sociedad utópica), donde habría una negación consciente de todas estas pulsiones y aparece aparentemente una sociedad que vive en la máxima felicidad. Nos habla a través de esta obra de ciencia ficción publicada en 1953 del malestar de nuestra cultura contemporánea. Aplicaremos así nuestro conocimiento psicoanalítico para analizar la neurosis social que nos presenta el autor.

El mismo Jorge Luis Borges nos dice sobre el autor: «¿ Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y soledad ?¿ Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?»

Estas fantasías nos tocan de una manera tan íntima porque es una novela cuyo contenido es de una profunda crítica socio política, donde aborda temas tan importantes como la censura, el control o la esclavitud del pensamiento y el cercenamiento de las libertades individuales ( pulsiones de control).

Donde unos de los temas centrales es la reversión de los roles donde un bombero ya no apaga el fuego(destructividad) sino que lo causa. Su objetivo es quemar con placer (destruir) ( pulsión de muerte) los libros portadores de conocimiento (pulsión de vida y creatividad) e inclusive denunciar al que tenga algún libro en su poder. También toca el tema de la normalidad como homogeneización de los individuos, donde no hay otredad, alienación del pensamiento como equivalente a Salud mental (control social). Sin embargo también nos deja caer sutilmente el suicidio de Millie como un acto de descuido, cuando realmente nos apunta hacia la profunda soledad y tristeza de los sujetos. Un gobierno que les procura una aparente felicidad para que no piensen por sí mismos.los satura de información vacía de contenido. Al final la novela marca la esperanza de recuperar un mundo perdido o amenazado, recuperación a través de una alegoría bastante infantil e ingenua.

Esta novela al final representa un reflejo inconsciente y desfigurado del temor desencadenado por nuestra realidad actual en el autor.

2- Como el análisis de un sueño: cuando analizamos una novela como un sueño buscamos el contenido latente que se oculta bajo el contenido manifiesto obvio de la novela. El primer y principal contenido latente que emerge después de leer Fahrenheit 451 es que el deseo por el conocimiento y la libertad interna son más poderosos que el deseo de pertenencia y sumisión del protagonista ( es decir logra vencer al súper yo cultural). Es un deseo que se encuentra dormido o reprimido por Guy Montag, deseo que empieza a emerger cuando lo observa proyectado en su vecina Clarisse y luego en la señora a la que queman junto a su casa. A través de estás dos figuras femeninas se asoma tímidamente a su preconsciente un deseo, un anhelo que el protagonista no logra identificar. Estas dos figuras femeninas tienen como contrafigura a la esposa de Guy, Millie quien lleva una vida vacía, superficial aparentemente feliz pero vemos como también se asoma allí el vacío, la tristeza, la desesperanza a través del gesto suicida no registrado por ella. Estos personajes podrían ser el sueño dentro del sueño de Guy, aspectos escindidos de él mismo y proyectados en estos personajes femeninos. Entonces Guy Montag es aparentemente un bombero que destruye y censura a través del fuego todo acceso a un conocimiento que nos habla del nosotros y los(nos) llevaría a pensarse(nos) y cuestionarse(nos). Pero entonces aparece el síntoma del robo, las manos de Guy tienen vida propia y en cada casa a donde va a quemar libros se roba un libro, esas manos que siguen un impulso del cual Guy todavía no tiene conocimiento es decir él no le ha podido dar un sentido consciente a ese síntoma como les pasa a los cleptómanos , una explicación al robo que lo pone en riesgo frente al cuerpo censurador del estado. Sus manos que siguen un impulso y son entonces la expresión de una pulsion que se rebela ante la autoridad y desea escapar de la ignorancia y acceder a la verdad que ahí se esconde. Parecido a comer la manzana del árbol de la sabiduría que será la responsable de expulsar a Adán y a Eva del paraíso, probar el fruto o libro prohibido abre las puertas a otro mundo alejado de la puerilidad infantil de la felicidad absoluta. Nos conecta con nuestros conflictos y sufrimientos, nos muestra nuestras limitaciones. Esto queda muy claro en el contrapunteo del capitán Beatty que usa el conocimiento para atacar a Montag, para mostrarle en apariencia su error pero en el contenido latente se observa el sufrimiento del capitán (porque ha leído los libros y sabe de su no existencia(vacío) y como provoca en Montag la ira para que lo asesine. Hay un deseo oculto (culpa inconsciente) de morir a manos de Guy, de retarlo con ironía para que pueda crecer y liberarse de sus cadenas súper yoicas que no le permiten la realización. El crecimiento como un paso doloroso en donde hay que asumir la superación de la figura paterna. Además también se puede intuir que la agresión vengativa del hijo (Guy) es co-mandada por la medida de la agresión punitoria que espera del padre ( jefe de bomberos Beatty, figura de autoridad ) por haber sucumbido a la pulsión prohibida de robar los libros y leerlos. Al final la escena apocalíptica y la posibilidad del uso de la memoria como receptáculo de nuestra historia me parece una visión un poco idílica, donde triunfan los aspectos creativos sobre los destructivos…el ave fénix que renacerá de las cenizas después de la guerra y la imagen de la explosión nuclear. Para mí lo que existe permanentemente es una mezcla de las pulsiones de vida y muerte en cada segundo de nuestra existencia y la balanza se inclina hacia alguna de ellas por fracciones de tiempo.

3- Desde la teoría de los vínculos: Los vínculos en esta novela son superficiales. Se observa una pérdida importante de la subjetividad. Se busca la homogeneización del individuo, convertirlos en una masa humana indiferenciada. Las personas son desconfiadas y suspicaces del otro. La conexión global a través de todos los medios (audiovisuales) genera un efecto paradojal de desconexión respecto del si mismo. Esta huida de la conexión interna tanto del campo ideativo como del mundo emocional produce un nuevo tipo de alienación. Inhibe los vínculos afectivos, estimula la represión de los afectos y su respectivo congelamiento. Para Bion no habría vínculos de amor y conocimiento entre estos personajes, lo que existen son vínculos de -K y – L. Se observa una superficialidad y banalidad que hace al individuo aún más aislado en la compañía de los otros, donde no se espera un genuino intercambio sino reflejarse en el otro como si se tratara de un espejo mágico que nos devuelve nuestra propia imagen mil veces.

“La Otra Isla” de Alberto Suniaga, Algunos comentarios y observaciones desde el punto de vista Psicoanalítico por Carmen Brandt – Psicoanalista Didacta de la Asovep.

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Debo comenzar agradeciendo la gentil invitación hecha por la Junta Directiva de la Asovep, la que en la persona de la Dra. Esther Mateo me animó a participar en este evento “dominguero” y en el que también debo agregar mi agradecimiento a María Dolores Ara, compañera de tertulia en la discusión del libro,  agradecer la presencia de uds. y la de este grato lugar, LugarComún, hoy por la mañana. Espero que podamos compartir las maravillosas reflexiones a las que este libro “La Otra Isla” de Francisco Suniaga nos invita, bajo imágenes que nos llevan a re-pensar en nosotros, como venezolanos; fundamentalmente, a través de cada uno de sus personajes.

Creo que en cada uno de ellos podremos, además, mirar aspectos de nosotros mismos. Este es un libro que nos invita a pensar. Detenidamente. A mi manera de ver, no habla de “isleños” ni “Margariteños” o de “Alemanes” o “turistas”. Creo que son recursos que el autor utiliza para poder mirar aspectos del ser humano que, más aún actualmente, tienen una vigencia extraordinaria y que espero que, a través de la rápida revisión que voy a realizar, podamos volver a mirar bajo el prisma, que el Psicoanálisis nos permite.

Es por ello que voy a organizar mis observaciones en tres puntos. Sé que les voy a quedar en deuda. Pero por razones del tiempo que tengo vamos a dejar que las preguntas de Uds. también den paso a inquietudes que van a enriquecer mis comentarios agrupados en tres puntos fundamentales.

El primero, que abarca inevitablemente a los otros dos, es el relativo al Mundo Mental. Deteniéndonos en su aspecto principal que es lo que conocemos, en Psicanálisis, como el mundo de Fantasía. Especialmente cuando esta funciona a nivel inconsciente, transformando constructiva, (como en el caso de Renata) o destructivamente, (como el caso de Wolfgang), la realidad.

El segundo punto, especialmente relacionado con nuestro momento país, tiene que ver con la Migración, como fenómeno en el que interviene, muy decisivamente, la idea, imagen, hipótesis, deseos o fantasías que tenemos acerca del lugar donde estamos y al que queremos emigrar. Esto lo veremos principalmente en la magistral escena de los compañeros de tertulia que se reúnen en la Plaza Bolívar de la Asunción, y en la descripción que hace Renata de la “Isla” a la que ellos iban a venir y adonde era imposible no ser felices, porque la felicidad lo viene  buscar a uno. No es necesario hacer nada para tenerla.

El tercer punto, es un poquito más escabroso pero, no por ello menos importante, porque es el que tiene que ver, desde el punto de vista mental-emocional con la sempiterna confusión entre la Realidad y la Verdad. Muchas, muchas veces cada una anda por su lado en nuestra cabeza, y mientras eso no molesta, nos quedamos tan tranquilos. Sólo cuando, “sorprendentemente” aparece un síntoma, como el insomnio en el caso de Wolfgang, revelador de estar discrepancia Verdad-Realidad, es que comenzamos a sospechar que algo no anda bien en nosotros. Y, casi siempre, la primera reacción es la de rechazo. Nosotros la conocemos como la de “desmentir” lo que está pasando y buscar, siempre en el afuera, la mejor razón posible que nos explique lo que está pasando. Cualquier cosa que no tenga que ver con nosotros, preferiblemente. Por eso con esto de la Verdad, tal y como hace muchísimos años  se lo advirtió el sabio Tiresias a Edipo, hay que andar con cuidado porque nos podemos llevar muy desagradables sorpresas.

Y así, este maravilloso libro, nos lleva, o por lo menos, a mí me llevó a pensar en quienes somos como personas y, especialmente, como venezolanos. Porque este autor no nos ahorra ni un suspiro para obligarnos a ver, como tan maravillosamente lo hace en su revisión acerca de los partidos de “izquierda” o el “ser de izquierda”, para donde vamos y de dónde venimos. Punto central de este libro así como del proceso de indagación al que el Psicoanálisis invita. Aspecto que me permite mostrarles una primera semejanza sobre la que deseo que reparen y que ahondaremos en el tercer punto de esta presentación. El Psicoanálisis es, al igual que el trabajo que hace el inspector Benítez, un método de indagación y búsqueda de la Verdad. Una Verdad que, como vimos en el libro, puede no ser para nada agradable, y que muchas, muchas veces preferiríamos no haber descubierto porque  la “Verdad” de la que queremos escuchar, debe parecerse más a lo que hemos inventado de ella que a lo que encontramos en la Realidad.

Comencemos entonces con el primer punto: el mundo mental.

Desde el punto de vista del Psicoanálisis, como yo lo conozco, el mundo mental está directamente relacionado con el emocional. Su base neurológica pertenece a otro capítulo con el que no trabajo y en el que no me voy a meter. Por lo tanto, el vértice desde el que voy a hacer mis comentarios es el relativo a un mundo mental – emocional que está muy lejos de ser lógico, coherente y/o sensato como requisito necesario para que exista,  y que parece que nos gobierna a su antojo, tal y como nos lo permite ver la situación de Wolfgang con los gallos o la relación hormonal y apasionada de Renata con su ayudante Richard. No hay aviso que valga. Esto sucede gracias a un principio del que Freud habló hace muchos anos ya y que se conoce como el Principio del placer-displacer. Amo y señor del reino emocional. Es en este reino adonde la “Verdad” comienza a tener sus bemoles, especialmente, cuando es desagradable o no nos gusta, como tan hábilmente comenzó a descubrir nuestro magnífico personaje de Benítez. Igualmente le sucedió a Edeltraud.

Es por ello que no comparto la máxima de que la Verdad nos liberará de todo sufrimiento. Ojalá. Pero muchas, demasiadas veces ya, he podido constatar en consulta cómo, precisamente, el aferrarnos a la eficacia de un síntoma, radica en intentar, por todos los medios posibles, engañarnos ante una verdad que se aproxima como en una catapulta, para arrasar con un mundo de ilusiones que hemos construido y al que, generalmente, nos aferramos, vanamente.

Este mundo es el que ha sido comandado por un CEO extraordinario que nosotros en Psicoanálisis conocemos como el mundo de la Fantasía. Y si es Inconsciente, tanto más poderosa porque trabaja más allá de que nos demos cuenta o no. Y si no, que los enamorados lo digan. Esta Fantasía Inconsciente de Deseo, está acompañada por ansiedades y defensas ejecutadas por cuatro edecanes de la más alta eficiencia para acomodar, lo que percibimos de la realidad, como nos parezca. Ellos son: la escisión, negación, omnipotencia e idealización. Este último lo voy a dejar, especialmente, para el punto 2.- No son patológicas en sí mismas. Nos van a servir para organizar la realidad e irla conociendo poco a poco. Pero sí podrán usarse constructiva o destructivamente. Renata y Wolfgang nos muestran, respectivamente, ambas posibilidades.

Como acabo de mencionarles, a través de estos mecanismos mentales se produce el primer acomodo del mundo senso-perceptivo desde que somos bebés, en función de lo que nos gusta y lo que no nos gusta. Esta es la base del Principio del placer-displacer. Y así va a funcionar para toda la vida. ¿­Qué ocurre a lo largo de nuestro crecimiento, a partir de nuestro carácter y acompañados de la crianza que hayamos recibido? Qué seremos más o menos permeables o resistentes a los acomodos o negociaciones que siempre tendremos que hacer con el afuera. Una vida sin frustraciones no existe. Y de ese interjuego se encarga el asistente del CEO del que les hablé. Este asistente se conoce como “Tolerancia a la frustración”. Va acompañado, nada más y nada menos de nuestra capacidad para aceptar las dificultades, intentar modificarlas o aprender a convivir con ellas porque se reconoce que no se tiene cómo cambiarlas. Implica reconocer la capacidad propia y la necesidad del esfuerzo. Esto es lo que Renata y menos que menos Wolfgang tenían y este último buscó desesperadamente en los gallos, identificándose patológicamente con ellos, a través de un mecanismo que en Psicoanálisis se conoce como Identificación Proyectiva-Introyectiva. Repito, en este caso utilizada patológicamente. Atribuyéndole, de este modo, a la muy cruenta pelea de gallos, unos rasgos de valentía y nobleza que no tiene. Son animales peleones pero no asesinos. En el cambio de las espuelas para que sean hojillas capaces de degollar al otro, está una gran diferencia. Y es esta la crueldad de la que los humanos somos capaces, fundamentalmente, como lo muestra Wolfang, con nosotros mismos, a través de una instancia que nosotros conocemos como “Super yo” y que acompañada de la Pulsión de Muerte, puede ser devastadora. Es aquí donde coincido con una de las primeras verdades lamentables que descubre Benítez: la posibilidad cierta de que Wolfgang se haya suicidado. Era él, el muy temido gallo “huidizo”. Ese que él degüella con infinita crueldad y permite el aviso de su entrenador Fucho, de que se aparte del mundo de los gallos de pelea porque va a enloquecer.

Y así sucede. Reitero, patológicamente. (La Identificación Proyectiva-Introyectiva no está diseñada para ser utilizada, exclusivamente,  en la patología. Está la base de la comunicación no verbal y la empatía) Esto sucede porque, a diferencia de Fucho, Wolfgang esta fundido y confundido con su objeto sin lograr diferenciar ni diferenciarse del mismo. (Quisiera hacer un inciso y recordar la maravillosa película, en la que pasó lo mismo, que se llamó: El Cisne Negro, con Natalie Portman). Esto lo lleva a la muerte. Una idealización patológica con la  que me voy a permitir pasar al segundo punto de la migración, en este caso desde Alemania a Margarita. Una situación inversa y muy divertidamente relatada, pero que nos lleva a pensar con profundidad y detenimiento acerca de las decisiones que nos llevan a emigrar. No importa para donde, con tal de buscar un ideal que para Renata existió pero que para Wolfgang se convirtió en un callejón sin salida.

Más allá de las similitudes que existen en la realidad y que el autor nos permite visualizar con la nacionalidad y estructura mental de los personajes utilizados, podemos mirar que hay decisiones de vida que dependen de elementos internos colocados en el afuera, repito, más allá de la nacionalidad que tengamos,  y que hay que revisar. Se coloca en la geografía, como si fuese obligación del lugar de acogida, hacernos felices, porque eso es lo que le corresponde a este o aquel país de acogida y nada de eso corresponde a la realidad. Es por ellos que si esta revisión  no se hace, se corre el riesgo de salir corriendo de un lugar como lo era la Alemania de Renata, aburrida y ´predecible, para llegar a una isla donde la felicidad es tan abundante que viene a buscarlo a uno. Es imposible no ser feliz. Más aún si enfatizamos en el despliegue de “naturalidad” de la vida de los pescadores, relatada por el cónsul Dieter o la naturalidad del encuentro hormonal de Renata y su ayudante Richard. Mientras tanto tenemos a Wolfgang que se quedó sin saber qué quería en la vida ni dónde quería estar. Toma prestado el proyecto de Renata, como lo están haciendo tantas parejas, lamentablemente, hoy día, y se lanza a una empresa o proyecto de vida que se le agota y lo lastima, progresivamente. No obstante, el autor va más allá y nos trae una peña fabulosa de “Margariteños” frustrados, dispuestos a parlotear acerca de su terruño, casi como niños, incapaces de salir de allí porque lo que los tiene aprisionados no es una isla, casi inexistente en el mapa, sino sus propias limitaciones; cuya expresión más patética es la del psiquiatra sin título. De paso, quisiera agregar que no comparto, de ninguna manera, las interpretaciones Express o genéricas que se encargan, a la manera de los signos del zodíaco, de anular la extraordinaria riqueza que tiene, para el mundo mental, la vida onírica. Para mí, todo sueño  interpretado sin las asociaciones del soñante, no sirve. En el libro, además, los personajes se quedan en las ramas; en lo superficial; en el trabajo de la memoria. No en su sentido profundo, que también lo asoma el escritor, porque es el lugar de donde casi siempre queremos salir corriendo: el lugar donde habita la tristeza, especialmente, dentro de nosotros mismos.

Aprovecharé, brevemente, para señalar que la tristeza es una cosa, la melancolía es otra. Estar triste no es patológico. Quedarse mal pegado allí, al igual que le pasó a Narciso, sí. La tristeza hay que oírla. Atenderla. Es una señal de que algo nos está pasando. La patología Narcisista es la que nos lleva, una y otra vez a idealizar la mediocridad a fin de quedarnos en ella y así, eternamente, quedarnos infantilizados como nuestros amigos isleños y vivir para responsabilizar a otro u otras circunstancias, siempre ajenas a nosotros, de lo que nos pasa. Eso hacemos cuando somos pequeños. Es por ello que crecer y hacerse “grande” está directamente asociado a ser capaz de conocerse uno mismo para así poder asumir las responsabilidades que corresponden según la capacidad. Hasta ahora, no he conocido a nadie a quien le guste conocerse para ser capaz de asumirse con responsabilidad. Es decir a partir de las limitaciones y los dones que cada uno tiene, que son intransferibles y que deben vivirse como expresiones de “Autonomía” e “Individualidad”. Ambas profundamente atacadas en la actualidad.

En nuestro patio Psicoanalítico, por lo menos en el que yo me formé, este ataque a la maravilla que es la individualidad, es decir, que afortunadamente no somos clones, se le llama Envidia. Porque es atacar lo que el otro tiene, simplemente porque yo no lo tengo y, en consecuencia, nadie lo puede tener. Pero como este tema me va a llevar a honduras políticas, que el autor toca, pero que considero preferible no entrar, mejor pasamos a nuestro último y muy difícil punto, que Suniaga nos señala magistralmente, y que es el que tiene que ver con una de las máximas del trabajo Psicoanalítico como lo es la “búsqueda de la verdad”.

De entrada debo decirles que, tal y como señale al principio, a nadie le gusta encontrar una verdad molesta, inconveniente o en desagradable discrepancia con la realidad. Eso a nadie le gusta. Es decir, a nadie le gusta una verdad que no coincida con el parapeto mental que ha inventado, gracias al trabajo, como les dije, de la actividad de la Fantasía.  Ella acomoda lo que quiera que sea la realidad a lo que queramos o necesitemos de ella. Freud enfatizó que podemos vivir engañados eternamente. De eso se encargan los síntomas. Mientras no molesten mucho, ahí van ayudándonos a maquillar realidades muy incómodas. Hasta que aparece un síntoma difícil como el insomnio de Wolfgang. Va como por su cuenta y genera una situación mental difícil porque se convierte en adictiva: la pelea de gallos. Es una devoción y un precipicio suicida. Como buena adicción que nunca se puede controlar. Sin embargo, este último punto de la Verdad vs la Realidad no siempre deriva en un encuentro patológico y es por ello que quisiera destacarlo también en función de sus dos personajes fundamentales, a mi modo de ver, el inspector Benítez y la mamá del ahogado, Edeltraud.

Ambos saben que no llegará a encontrar la “Verdad” que están buscando. ¿Para qué? ¿Para qué averiguar qué llevó a Wolfang a ahogarse si se murió ahogado? ¿Qué sentido tiene indagar sobre hechos del pasado y que ya no se podrán cambiar? ¿Para qué ahondar en una herida pidiendo una autopsia inútil si el cuerpo fue embalsamado y toda evidencia, necesaria para una autopsia microscópica, fue eliminada?

Creo que sobra mencionarles cuántas millones de veces he escuchado esta misma queja en terapia. ¿Para qué indagar? ¿Para qué averiguar acerca de heridas cuyo daño ya fue hecho y sobre el que nada se puede hacer en la actualidad? Creo que debo señalar nuevamente, que el Psicoanálisis, tal y como lo entiendo, no sólo busca el por qué de lo que pasó sino para qué sirve en la actualidad mental y emocional de la vida del paciente.

Es por ello que lamento discrepar, casi que completamente, con aquellas posturas que todavía consideran que el Psicoanálisis es, solamente, para averiguar el pasado. No se trata de eso. Se trata de averiguar por qué y, muy especialmente, para qué esas heridas, al igual que le ocurre a Edeltraud, están ahí, vivitas y coleando. Es decir, están activas y causando mucho daño. ¿Averiguar significa que van a desaparecer? No. Tal y como nuestro magnifico libro nos muestra, pueden incluso hacerse más profundas, pero serán siempre de mayor valor conocerlas, para saber qué queremos o podemos hacer con ellas, que permanecer ignorantes al respecto, padeciéndolas como síntomas. Edeltraud descubrió que su hijo no era feliz y que nunca pudo decírselos. Descubrió que vivía en una isla donde se pretende vivir aislado de los problemas, de los límites y del sentido del tiempo. De paso, este último es uno de los mayores signos de responsabilidad en el mundo exterior. Un mundo, incompresible para ella, adonde su hijo había decidido vivir y que no tenía asidero lógico posible. ¿Cómo se puede ser “feliz” en un mundo donde la responsabilidad es como el calor, asfixiante y que casi derrite? Esto fue liberador, aunque triste, para ella. Tuvo el coraje de aceptar que no podía entender el código de vida que formaba parte de la vida de su hijo y que, muy probablemente, lo había llevado a la muerte. Tuvo el coraje de mirar que esa fue su elección, por más doloroso que fuese ese descubrimiento. Benítez hizo lo mismo. Aceptó una profunda e inmisericorde mediocridad como sino de vida y de la resultaría muy difícil salir. Mirarla no es una respuesta, pero sí es la oportunidad de saber que es una opción sobre la que se puede hacer algo contra la de no saber nada y esperar a que “otro” solucione en un eterno e indefinible postergar para “mañana”.

No me queda más que finalizar como comencé y agradecer a la persona que seleccionó este maravilloso libro y esperar que podamos compartir en la ronda de preguntas para profundizar en el tema.

Muchas Gracias.-

Felicitaciones, concluye Primer Curso de Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes

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Finalizamos nuestro Primer Curso de Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes, dirigido a profesionales comprometidos en el trabajo  con niñez y adolescencia, contando  con la colaboración docente de los psicoanalistas miembros del DNA de ASOVEP. En total fueron 19 seminarios que sumaron  57 horas crédito.

Asistieron   una veintena de participantes entusiastas y   con deseo de aprender, que sorteando los obstáculos  de la situación país,   no dudaron en proponer continuarlo los días domingo.

En breve daremos respuesta sobre la posibilidad de ampliarlo, así como  el inicio de un segundo curso. Estamos estudiando la posibilidad de incluir algunos aspectos de técnica y supervisiones clínicas en un programa corto posiblemente para  el último trimestre de este  año  al  que podrían asistir los alumnos del primer curso y nuevos participantes.

Estén atentos también a la apertura del segundo curso  para principios de 2018.  Informaremos en ese sentido en el transcurso de los próximos días.

Agradecemos a todos por su participación.

 

ASOVEP

Departamento de Niños y Adolescentes –DNA

Emelin Mujalli – Directora

Solángel Suárez – Secretaria

«NI CIENCIA NI FICCIÓN. A PROPÓSITO DE FAHRENHEIT 451, de Ray Bradbury» por la Lic. Maria Dolores Ara

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NI CIENCIA NI FICCIÓN. A PROPÓSITO DE FAHRENHEIT 451, de Ray Bradbury

 

La ciencia ficción es una caja de sorpresas. Envuelta en su halo de fantasía cósmica, suele presentarse como un género riguroso que habla de mundos inventados donde todo es posible para bien o para mal. Pero es solo un disfraz para incautos. El género o sub-género suele encerrar las mejores reflexiones filosóficas sobre la naturaleza de lo

 

humanos, sus alcances y limitaciones; sus perversiones y grandezas. Lo que somos y podemos llegar a ser, lo que no nos hemos propuesto alcanzar y lo que sufrimos por quedarnos atrapados en nuestra pequeñez. Se puede leer como una distracción inocente, y funciona. Se puede atrapar el hilo seductor que explica la vida y funciona mejor. Usted elige.

Ray Bradbury es uno de los magos de este prodigio. Narrador, filósofo y poeta autodidacta ha volcado en su escritura un largo camino reflexivo para legarnos ideas cautivadoras sobre nuestra esencia y los conflictos que acarrea defenderla, cuando la propia especie se traiciona a sí misma eligiendo ser lo peor que puede llegar a ser. Meterse en una novela de Bradbury es un compromiso moral que le queda grande a la ciencia ficción simple, si es que existe tal cosa.

Fahrenheit 451 es uno de sus trabajos más conocidos. Escrita en la década de los 60 y considerada una joya en su género, Fahrenheit se instala en la saga de las distopías pero con una intención mucho más sublime y lírica que sus compañeras de tema. Entre el suspenso policial, la acción trepidante, la angustia existencial, la filosofía humanista y el aliento esperanzado, esta novela termina por ser una guía espiritual para la desorientación moral de los pensantes. Su

 

gran acierto es responder a las preguntas esenciales de los humanos en cuanto tales, y retarnos a vivir según esas respuestas bellas y dolorosas al mismo tiempo.

Dividida en tres partes, la  obra va tomando cuerpo en la intriga que la sostiene. Nos cuenta el salto prodigioso del bombero Montag, quien va a sufrir la transformación propia del que descubre la verdad a tiempo para salvarse y salvarnos. En una sociedad donde leer es un peligro porque lleva a pensar y a pensar para descubrir certezas y desechar fraudes, los bomberos han trastocado su papel de apaga-fuegos por el de  pirómanos oficiales del poder, que incendian palabras para que no produzcan ideas. En ese mundo de cartón piedra, solo la televisión invasiva es el recurso tecnológico mediante el cual llega el entretenimiento enajenante. En ese mundo de plástico barato está prohibida toda actividad mental profunda. Es un mundo que vacía y anula todo el potencial humano. Potencial que debería pasar de generación en generación a través de las ideas que encierran los libros y que van gestando nuevas

 

ideas para dar vida a la humanidad que se eleva por encima de su estrecho marco físico para volar alto gracias al pensamiento. Los libros aquí son el enemigo. Volar es el pecado mayor. Y se vuela porque se lee, y se piensa sobre lo que se lee  para seguir volando. Por los siglos de los siglos, hasta que los buitres del poder descubren la amenaza y en su infinita estupidez van contra el efecto y no contra la causa. También por los siglos de los siglos.

 

Si a ver vamos , Fahrenheit reproduce la eterna batalla entre el Bien y el Mal con un escenario más atractivo que el del sermón oficial. En el bando de los buenos están los aliados del pensamiento libre y poético, liderados por Montag, Faber y la hermosa Clarisse. Son los amantes de la naturaleza, de vida bucólica sin artíficos, de la lectura enriquecedora, de la mente productiva. Son los defensores de la sabiduría obtenida por la capacidad de procesar la vida plena, por no conformarse con la norma, por indagar hasta  alcanzar la verdad trascendente. Esa que dicen que nos hace libres y auténticos. Esa que nos enseña a buscar el Quijote, o la Biblia, o Shakespeare.

 

El bando del Mal se dedica a matar la vida. La vida de la alegría natural, la del pensamiento creativo, la del amor a lo que respira claridad. Millie y sus amigas , el capitán Beatty, los bomberos adocenados y el sabueso infernal son los inquisidores del fuego destructivo que arrasa con lo que respira. Sin propósito, sin sentido, huecos e infelices pasan por el infierno creyendo que es el cielo y no se enteran. Sin coraje para vivir plenamente y con absoluto desconocimiento de lo que eso pueda significar se dedican a acabar con lo que los perturba: libros, personas reales, seres libres, naturaleza virgen, posibles descubrimientos sorprendentes sobre sí mismos y sobre el mundo gris en el que a duras penas sobreviven. Entre pantallas que aturden, incendios que aniquilan y pastillas para no saber, ni ser,  persiguen a los que saben por el delito de siempre: buscar la verdad, encontrarla y difundirla. Lo que hacen los libros, exactamente.

No ganan los buenos, hay que decirlo. No del todo. Pero tampoco se hace apología del mal, como tanto gusta el posmodernismo más reciente. Bradbury consigue el balance justo que da con la clave para la solución del conflicto usando la simbología del fuego. Desde el título que nos habla de la temperatura a la que se quema el papel, hasta la salamandra que usan los bomberos para prender las llamas que consumirán a los libros, pasando por la imagen del Ave Fénix, la estructura profunda de la historia es un canto a lo inextinguible, a lo que permanece inalterable entre contradicciones y riesgos. A la vida perdurable más allá de todo intento de aniquilación. El fuego quema y calienta, mata y da vida. Todo depende de quién controle la llama.

 Lo que emana del espíritu inmortal que anida en cada criatura humana se hace eterno. No hay fuego que lo extermine, no se consume en la llama, se renueva y cambia constantemente sin principio ni fin. Resurge purificado en cada era, en cada ciclo. Asciende triunfante siempre. Vence enemigos y peligros. Lo que el hombre hace cuando da lo mejor de sí es un poder que nada ni nadie puede destruir y que se impone en todo tiempo a las sombras. Y ese legado supremo está recogido en la sabiduría que los libros atesoran y que solo algunos privilegiados pueden reconocer y heredar.

La humanidad está en los libros. Seremos más humanos en el tiempo de los libros. Expandiremos nuestra humanidad en la sabiduría que ellos legan. En la que dejan en cada uno de nosotros. En el estímulo que nos otorgan para continuar. Y es preciso continuar porque no ha llegado el tiempo de detenerse, según nos susurra el Eclesiastés.

María Dolores Ara

Enero 2016

Cine Foro de la película Invierno en Llamas, por la Dra. Lucia Morabito

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Cine foro de la Película Invierno en Llamas. A Propósito de las Protestas en Venezuela[1]

Lucia Morabito[2]

 

Agradezco la oportunidad que Ideas de Babel y la Asociación Venezolana de Psicoanálisis nos brindan para analizar e intercambiar ideas, desde distintos vértices, en torno a este documental que ciertamente nos conmueve a todos por razones obvias.

Comenzaré haciéndome las siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo podemos comprender, desde el punto de vista psicoanalítico, qué ocurrió y cómo ocurrió, para que un pueblo desarmado y en resistencia pacífica, fuese capaz de enfrentar a un régimen brutalmente represor, de una forma tan organizada y con resultados tan positivos?
  2. ¿Cómo fue que el miedo se convirtió en valentía inquebrantable para recuperar la dignidad y la libertad?
  3. ¿Cómo fue que la iniciativa espontanea de los estudiantes logró comprometer a todos los sectores de la población, generando una cohesión grupal de tal magnitud, que superó incluso a los partidos políticos?
  4. ¿Son realmente equiparables nuestras actuales condiciones a las que se dieron en Ucrania, como para esperar que una lucha parecida pueda ser librada con el mismo éxito en nuestro país?

Intentaré vincular lo que sabemos acerca del inconsciente individual con los conocimientos que la psicología profunda de las masas nos ha brindado.

Sabemos desde Freud que en la vida de los afectos el otro siempre está presente. Lo está como modelo, como objeto de deseo, como auxiliar del yo y también como enemigo. Por lo tanto, el otro, los otros, van a tener una enorme influencia en su vida anímica. Pueden convertirse en modelos de identificación, de admiración y de amor; pero también pueden convertirse en blancos de ataques envidiosos  y odios profundos.

Los jóvenes que salieron a manifestar en Ucrania tenían una motivación inicial que los unía: se sentían estafados, les habían robado el fututo y no estaban dispuestos a tolerar el retroceso que la adhesión a Rusia implicaría. Se sentían decepcionados de sus líderes políticos quienes no se manifestaban. El miedo que les producía la posibilidad de aliarse a Rusia fue más fuerte que el miedo a la muerte. El hartazgo se transformó en valentía. Por esa razón estuvieron dispuestos a morir si ese era el precio que tenían que pagar para lograr pertenecer a la Unión Europea. Así fue como lucharon por recuperar su dignidad y su libertad.

Lo que ocurrió en Ucrania fue un fenómeno de masas extraordinario. Al grupo inicial de jóvenes que salió a protestar, poco a poco se les fueron uniendo grupos de personas de otros sectores. Se fueron contagiando con el ímpetu y la valentía que iba creciendo, a pesar de la represión de la fueron objeto. Y es que uno de los efectos de los fenómenos de masas es que tanto los sentimientos como las conductas se llegan a contagiar a tal punto, que el individuo sacrifica su interés personal por el interés colectivo.

Otra característica de los fenómenos de masa es que generan un sentimiento de poder invencible. Eso lo han experimentado quienes han estado en las marchas que se han realizado en nuestro país. Estos sentimiento de poder invencible  permiten que los individuos se entreguen a sus instintos de una manera en que jamás lo harían si estuviesen solos. El peligro de esto es que al mismo tiempo desaparece el sentimiento de responsabilidad que normalmente frena a los individuos, diluyéndose la misma en la masa como tal.

Otro aspecto que opera en situaciones como éstas es la sugestión. Y entonces, el contagio y la sugestión transforman inmediatamente en actos, las ideas sugeridas por la masa. La masa suele seguir a un conductor o líder, que en este caso eran los estudiantes.

Desde el punto de vista psicoanalítico, lo que ocurre es que las personas que integran esta gran masa se identifican con un líder. Y siendo la identificación la manifestación más temprana de un vínculo afectivo, al producirse una identificación masiva, se intensifican los sentimientos que se comparten, reduciéndose el egoísmo y el  narcisismo, en beneficio del amor por el otro.

La masa que posee un líder es una reunión de individuos que han reemplazado su ideal del yo por un mismo objeto, con lo cual se establece entre ellos una general y recíproca identificación del yo. Esto se parece mucho a lo que ocurre en el enamoramiento y en la relación hipnótica . La masa le da al líder  las mismas pruebas de amor, sumisión, docilidad y ausencia de crítica e iniciativa. El líder se ha convertido en el ideal del yo. Y así, la identidad del grupo pasa a dominar la identidad individual, produciéndose una suerte de fusión entre todos.

En el caso de Ucrania, inicialmente, el líder fue el movimiento estudiantil, pero poco a poco ese liderazgo mutó en una abstracción. La idea de libertad fue la que terminó por movilizar a  la gran masa. Y eso se expresaba con la contagiosa convicción de que se estaba dispuesto a morir por ella.

Sin embargo, es interesante ver que lo que ocurrió en Ucrania tiene otro aspecto que hay que describir y que merece otra aclaratoria explicativa. Me refiero al nivel de organización que allí se produjo. Me hizo pensar en el instinto de los animales, en esa fuerza que lleva al trabajo de una manera tan sistemática, eficiente y organizada.

Uno de los entrevistados en el documental comentó que ellos apelaron a las normas de sus ancestros. Recordemos que los Ucranianos pertenecen a un país limítrofe, de paso, estratégico políticamente, que siempre fue deseado y sometido a muchos juegos de poder, por lo que su gente ha desarrollado mucha astucia para vivir.

La astucia es una función del yo maduro que nos puede permitir entender la gran diferencia que hay entre la temeridad y la valentía. Tal vez allí encontremos la clave  para explicar el éxito que tuvieron los Ucranianos.

Veamos algunas diferencias entre valentía y temeridad:

La temeridad es impaciente e inconstante. La valentía es firme y tenaz.

La temeridad es una reacción pasional, impulsiva y excesiva. La valentía es prudente y preparada.

La temeridad es codiciosa, intrigante  y destructiva. La valentía se contenta y agradece lo que tiene, comportándose con humildad y sabia administración de lo que va logrando.

La temeridad es orgullosa. La valentía es humilde, requiere entrenamiento y disciplina.

La temeridad busca gloria. Su interés es egoísta, por lo que  es capaz de dividir y arrastrar a los otros hacia su propio estado de debilidad con tal de no pedir ayuda. La valentía, en cambio, busca honor y para lograrlo ayuda a su compañero porque se sabe parte de una comunidad.

La temeridad es blasfema, engendrada por el desafío y la falta de respeto. La valentía es reverente y se acoge a los valores superiores.

La temeridad es una defensa maníaca y omnipotente propia de los estados más primitivos y vulnerables de la personalidad, basada en el odio, el resentimiento  y la envidia.

La valentía es una defensa sana, proveniente de un yo maduro y sensato, que ha aprendido de la experiencia, en contra de la decadencia personal y nacional.

El temerario, entonces, es alguien a quien no le importa nada ni nadie, carece de ideales y de verdadero afecto por nadie. No respeta su vida, por lo que se arroja ante el peligro de manera irresponsable, loca e irracional.

En cambio el valiente es capaz de sacrificar su integridad física, su prestigio y hasta su vida, por amor y por sus convicciones. Y muy contrario a lo que suele pensarse, solo quien es capaz de sentir miedo es quien puede llamarse valiente. Lo que ocurre es que el valiente no deja que el temor lo paralice, sino que lo atiende en tanto señal de alarma, y luego actúa. Por eso, no es lo mismo sentir miedo que ser cobarde.

El valiente es racional, piensa en las consecuencias de sus actos y hasta puede llegar a inhibirse si sopesa que las eventuales consecuencias no lo ameritan. Siempre antepone lo que considera correcto. De hecho, a veces hace falta más valentía para quedarse quieto o retroceder y resistir pacientemente y en silencio, que para dar un golpe. Hace falta más valentía para esperar el momento oportuno para volver actuar sin impulsividad. Obviamente se requiere mucha madurez, prudencia e integridad para lograr este cometido.

¿Cómo entonces integrar estos dos aspectos?: Es decir, la identificación inconsciente que hace ceder la individualidad en favor de la masa, por un lado. Y por otro, la racionalidad necesaria y característica de la valentía sostenida que se requiere para lograr una meta.

De acuerdo a Bion, psicoanalista inglés quien estudió mucho la psicología grupal, en todo grupo hay dos corrientes simultáneas. Una es la corriente objetiva y consciente, que denominó grupo de trabajo. Y la otra, una fuerza inconsciente, a la que denominó supuestos básicos.

Existen tres modalidades de supuestos básicos:

 

– El de dependencia, en el que el grupo sostiene la convicción inconsciente de que está reunido para que alguien, de quien el grupo depende de forma absoluta, provea la satisfacción de todas sus necesidades y deseos.

 

– El de ataque y fuga, en el que el grupo sustenta la idea de que existe un enemigo dentro o fuera del grupo, del cual es necesario huir o atacarlo.

 

– El de apareamiento, en el que el grupo comparte la creencia de que no importa cuál sea el problema presente y las necesidades del grupo, ya que algo o alguien, en el futuro, lo resolverá. Es la esperanza mantenida  a toda costa.

 

Los supuestos básicos, precisamente porque operan de manera inconsciente, representan una interferencia con la tarea del grupo de la misma manera en que los impulsos primitivos pueden interferir con el trabajo de una persona madura. Cuando se está bajo su influencia, los miembros del grupo se encuentran confusos, tienen mala memoria y se desorientan en el tiempo. El lenguaje no se desarrolla como un método para pensar sino como una forma de actuar.

Entonces, cuando el grupo funciona predominantemente bajo la influencia de algún supuesto básico, no aprende ni se adapta a partir de la experiencia, demanda satisfacción instantánea y se resiste al cambio. Y hay un intento del grupo por seducir a los líderes para alejarlos de la tarea.

Esto lo hemos visto en múltiples ocasiones cuando la masa en nuestras marchas le exige a los dirigentes ir hasta Miraflores. No así en lo que pudimos ver en este documental, en donde todos se plegaban a la tarea del grupo de trabajo, retrocediendo cuando era necesario. Eso les permitió organizar centros de comida, asistencia jurídica, puestos médicos, centros de información, en los que todos confiaban plenamente, en lugar de tirarse unos a otros, como muchas veces vemos por estos lares.

Por el contrario, cuando el grupo funciona predominantemente bajo la corriente del grupo de trabajo, entonces se logran las metas.

Sin embargo, es importante tener claro que tanto el grupo de trabajo como los supuestos básicos son dos corrientes, una consciente y otra inconsciente, que se encuentran siempre presentes en diversos grados, aunque en ocasiones alguna pueda predominar sobre la otra. Podríamos suponer que la temeridad se encuentra sustentada por los supuestos básicos, mientras que en la valentía predomina el grupo de trabajo.

Ahora bien, así como es importante comprender el funcionamiento inconsciente individual y colectivo de los grupos de resistencia, también  es necesario tener bien claro cuál es el funcionamiento inconsciente que prevalece en los grupos represores y en el de de todos los actores que intervienen en un proceso como el que ocurrió en Ucrania y está ocurriendo en nuestro país.

Resulta muy difícil equipar lo que ocurrió allá con lo que está ocurriendo en Venezuela. No solo son gestas históricas diferentes, también son diferentes las idiosincrasias de ambo pueblos.

Es por ello que aunque el documental que acabamos de ver en este momento nos parezca extraordinario, porque nos brinda esperanza y nos está brindando la oportunidad de reflexionar y hacer catarsis, es, a mi juicio, un documental extremadamente simplista porque nos brinda una mirada desde una sola perspectiva: la de la gente en la calle.

Relata la historia sin mostrarnos en detalle a los actores internacionales ni a los actores locales desde el punto de vista del gobierno. Sin una mirada socio política un poco más amplia que permita entender de qué va el asunto, sin comprender cuáles eran  y cómo actúan las otras líneas de fuerza que también hacen juego dentro de un conflicto como este, es difícil poder comprender la profundidad de esa experiencia.

Pienso que quedarnos solamente con esta perspectiva puede resultar peligrosamente naife; como naif puede resultar la mirada que desafortunadamente tiene mucha gente en una situación como la de Venezuela, al pensar que el asunto solo tiene que ver con la calle. Cuando esto ocurre se corre el riesgo de actuar con temeridad y no con valentía. Y es que hay que ver la magnitud del narco gobierno al que nos estamos enfrentando los venezolanos.

A los represores de nuestro país les falta la integridad para hacer lo correcto. Les cuesta mucho, porque tampoco ellos son libres,  dejar por fuera los intereses individuales y ventajosos con los que se sirven del oportunismo y la corrupción. Es por ello que  se mantienen indolentes ante el mal de muchos. Como grupo actúan predominantemente, bajo el supuesto básico de dependencia.

Podríamos pensar que al igual que  los jóvenes Ucranianos, nuestros jóvenes guerreros también se sienten estafados. Sienten que la Constituyente en poco tiempo les robará el futuro. Están dispuestos a hacerse matar antes que permitir que Venezuela se transforme en una dictadura  comunista como la de Cuba. Sus actos de defensa los han transformado. También han presentido el poder invencible que les genera pertenecer a esa masa.

Ojalá que como grupo, estén mayormente influidos por la corriente del grupo de trabajo y no por el supuesto básico de ataque y fuga.  Ojalá logren controlar sus sentimientos y no provoquen demasiado al enemigo. Ojalá su valentía pueda ser el producto de un acto racional organizado, para que pueda sostenerse la lucha. Y que la lucha no provenga del odio, la envidia y el resentimiento, sino de la integridad y el amor por la libertad.

Y ojalá los demás actores que se les van uniendo puedan deponer el narcisismo y sus intereses personales, para que no pierdan de vista los ideales superiores que son lo único que le permite al ser humano resistir con valentía y coraje por su libertad.

 

 

[1] Realizado en el Cine foro de Ideas de Babel. Trasnocho Cultural. Caracas 11/6/2017

[2] Psicólogo. Psicoanalista. Miembro Titular en Función Didáctica de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis. (ASOVEP) luciamorabito@gmail.com