«NI CIENCIA NI FICCIÓN. A PROPÓSITO DE FAHRENHEIT 451, de Ray Bradbury» por la Lic. Maria Dolores Ara

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NI CIENCIA NI FICCIÓN. A PROPÓSITO DE FAHRENHEIT 451, de Ray Bradbury

 

La ciencia ficción es una caja de sorpresas. Envuelta en su halo de fantasía cósmica, suele presentarse como un género riguroso que habla de mundos inventados donde todo es posible para bien o para mal. Pero es solo un disfraz para incautos. El género o sub-género suele encerrar las mejores reflexiones filosóficas sobre la naturaleza de lo

 

humanos, sus alcances y limitaciones; sus perversiones y grandezas. Lo que somos y podemos llegar a ser, lo que no nos hemos propuesto alcanzar y lo que sufrimos por quedarnos atrapados en nuestra pequeñez. Se puede leer como una distracción inocente, y funciona. Se puede atrapar el hilo seductor que explica la vida y funciona mejor. Usted elige.

Ray Bradbury es uno de los magos de este prodigio. Narrador, filósofo y poeta autodidacta ha volcado en su escritura un largo camino reflexivo para legarnos ideas cautivadoras sobre nuestra esencia y los conflictos que acarrea defenderla, cuando la propia especie se traiciona a sí misma eligiendo ser lo peor que puede llegar a ser. Meterse en una novela de Bradbury es un compromiso moral que le queda grande a la ciencia ficción simple, si es que existe tal cosa.

Fahrenheit 451 es uno de sus trabajos más conocidos. Escrita en la década de los 60 y considerada una joya en su género, Fahrenheit se instala en la saga de las distopías pero con una intención mucho más sublime y lírica que sus compañeras de tema. Entre el suspenso policial, la acción trepidante, la angustia existencial, la filosofía humanista y el aliento esperanzado, esta novela termina por ser una guía espiritual para la desorientación moral de los pensantes. Su

 

gran acierto es responder a las preguntas esenciales de los humanos en cuanto tales, y retarnos a vivir según esas respuestas bellas y dolorosas al mismo tiempo.

Dividida en tres partes, la  obra va tomando cuerpo en la intriga que la sostiene. Nos cuenta el salto prodigioso del bombero Montag, quien va a sufrir la transformación propia del que descubre la verdad a tiempo para salvarse y salvarnos. En una sociedad donde leer es un peligro porque lleva a pensar y a pensar para descubrir certezas y desechar fraudes, los bomberos han trastocado su papel de apaga-fuegos por el de  pirómanos oficiales del poder, que incendian palabras para que no produzcan ideas. En ese mundo de cartón piedra, solo la televisión invasiva es el recurso tecnológico mediante el cual llega el entretenimiento enajenante. En ese mundo de plástico barato está prohibida toda actividad mental profunda. Es un mundo que vacía y anula todo el potencial humano. Potencial que debería pasar de generación en generación a través de las ideas que encierran los libros y que van gestando nuevas

 

ideas para dar vida a la humanidad que se eleva por encima de su estrecho marco físico para volar alto gracias al pensamiento. Los libros aquí son el enemigo. Volar es el pecado mayor. Y se vuela porque se lee, y se piensa sobre lo que se lee  para seguir volando. Por los siglos de los siglos, hasta que los buitres del poder descubren la amenaza y en su infinita estupidez van contra el efecto y no contra la causa. También por los siglos de los siglos.

 

Si a ver vamos , Fahrenheit reproduce la eterna batalla entre el Bien y el Mal con un escenario más atractivo que el del sermón oficial. En el bando de los buenos están los aliados del pensamiento libre y poético, liderados por Montag, Faber y la hermosa Clarisse. Son los amantes de la naturaleza, de vida bucólica sin artíficos, de la lectura enriquecedora, de la mente productiva. Son los defensores de la sabiduría obtenida por la capacidad de procesar la vida plena, por no conformarse con la norma, por indagar hasta  alcanzar la verdad trascendente. Esa que dicen que nos hace libres y auténticos. Esa que nos enseña a buscar el Quijote, o la Biblia, o Shakespeare.

 

El bando del Mal se dedica a matar la vida. La vida de la alegría natural, la del pensamiento creativo, la del amor a lo que respira claridad. Millie y sus amigas , el capitán Beatty, los bomberos adocenados y el sabueso infernal son los inquisidores del fuego destructivo que arrasa con lo que respira. Sin propósito, sin sentido, huecos e infelices pasan por el infierno creyendo que es el cielo y no se enteran. Sin coraje para vivir plenamente y con absoluto desconocimiento de lo que eso pueda significar se dedican a acabar con lo que los perturba: libros, personas reales, seres libres, naturaleza virgen, posibles descubrimientos sorprendentes sobre sí mismos y sobre el mundo gris en el que a duras penas sobreviven. Entre pantallas que aturden, incendios que aniquilan y pastillas para no saber, ni ser,  persiguen a los que saben por el delito de siempre: buscar la verdad, encontrarla y difundirla. Lo que hacen los libros, exactamente.

No ganan los buenos, hay que decirlo. No del todo. Pero tampoco se hace apología del mal, como tanto gusta el posmodernismo más reciente. Bradbury consigue el balance justo que da con la clave para la solución del conflicto usando la simbología del fuego. Desde el título que nos habla de la temperatura a la que se quema el papel, hasta la salamandra que usan los bomberos para prender las llamas que consumirán a los libros, pasando por la imagen del Ave Fénix, la estructura profunda de la historia es un canto a lo inextinguible, a lo que permanece inalterable entre contradicciones y riesgos. A la vida perdurable más allá de todo intento de aniquilación. El fuego quema y calienta, mata y da vida. Todo depende de quién controle la llama.

 Lo que emana del espíritu inmortal que anida en cada criatura humana se hace eterno. No hay fuego que lo extermine, no se consume en la llama, se renueva y cambia constantemente sin principio ni fin. Resurge purificado en cada era, en cada ciclo. Asciende triunfante siempre. Vence enemigos y peligros. Lo que el hombre hace cuando da lo mejor de sí es un poder que nada ni nadie puede destruir y que se impone en todo tiempo a las sombras. Y ese legado supremo está recogido en la sabiduría que los libros atesoran y que solo algunos privilegiados pueden reconocer y heredar.

La humanidad está en los libros. Seremos más humanos en el tiempo de los libros. Expandiremos nuestra humanidad en la sabiduría que ellos legan. En la que dejan en cada uno de nosotros. En el estímulo que nos otorgan para continuar. Y es preciso continuar porque no ha llegado el tiempo de detenerse, según nos susurra el Eclesiastés.

María Dolores Ara

Enero 2016

Cine Foro de la película Invierno en Llamas, por la Dra. Lucia Morabito

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Cine foro de la Película Invierno en Llamas. A Propósito de las Protestas en Venezuela[1]

Lucia Morabito[2]

 

Agradezco la oportunidad que Ideas de Babel y la Asociación Venezolana de Psicoanálisis nos brindan para analizar e intercambiar ideas, desde distintos vértices, en torno a este documental que ciertamente nos conmueve a todos por razones obvias.

Comenzaré haciéndome las siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo podemos comprender, desde el punto de vista psicoanalítico, qué ocurrió y cómo ocurrió, para que un pueblo desarmado y en resistencia pacífica, fuese capaz de enfrentar a un régimen brutalmente represor, de una forma tan organizada y con resultados tan positivos?
  2. ¿Cómo fue que el miedo se convirtió en valentía inquebrantable para recuperar la dignidad y la libertad?
  3. ¿Cómo fue que la iniciativa espontanea de los estudiantes logró comprometer a todos los sectores de la población, generando una cohesión grupal de tal magnitud, que superó incluso a los partidos políticos?
  4. ¿Son realmente equiparables nuestras actuales condiciones a las que se dieron en Ucrania, como para esperar que una lucha parecida pueda ser librada con el mismo éxito en nuestro país?

Intentaré vincular lo que sabemos acerca del inconsciente individual con los conocimientos que la psicología profunda de las masas nos ha brindado.

Sabemos desde Freud que en la vida de los afectos el otro siempre está presente. Lo está como modelo, como objeto de deseo, como auxiliar del yo y también como enemigo. Por lo tanto, el otro, los otros, van a tener una enorme influencia en su vida anímica. Pueden convertirse en modelos de identificación, de admiración y de amor; pero también pueden convertirse en blancos de ataques envidiosos  y odios profundos.

Los jóvenes que salieron a manifestar en Ucrania tenían una motivación inicial que los unía: se sentían estafados, les habían robado el fututo y no estaban dispuestos a tolerar el retroceso que la adhesión a Rusia implicaría. Se sentían decepcionados de sus líderes políticos quienes no se manifestaban. El miedo que les producía la posibilidad de aliarse a Rusia fue más fuerte que el miedo a la muerte. El hartazgo se transformó en valentía. Por esa razón estuvieron dispuestos a morir si ese era el precio que tenían que pagar para lograr pertenecer a la Unión Europea. Así fue como lucharon por recuperar su dignidad y su libertad.

Lo que ocurrió en Ucrania fue un fenómeno de masas extraordinario. Al grupo inicial de jóvenes que salió a protestar, poco a poco se les fueron uniendo grupos de personas de otros sectores. Se fueron contagiando con el ímpetu y la valentía que iba creciendo, a pesar de la represión de la fueron objeto. Y es que uno de los efectos de los fenómenos de masas es que tanto los sentimientos como las conductas se llegan a contagiar a tal punto, que el individuo sacrifica su interés personal por el interés colectivo.

Otra característica de los fenómenos de masa es que generan un sentimiento de poder invencible. Eso lo han experimentado quienes han estado en las marchas que se han realizado en nuestro país. Estos sentimiento de poder invencible  permiten que los individuos se entreguen a sus instintos de una manera en que jamás lo harían si estuviesen solos. El peligro de esto es que al mismo tiempo desaparece el sentimiento de responsabilidad que normalmente frena a los individuos, diluyéndose la misma en la masa como tal.

Otro aspecto que opera en situaciones como éstas es la sugestión. Y entonces, el contagio y la sugestión transforman inmediatamente en actos, las ideas sugeridas por la masa. La masa suele seguir a un conductor o líder, que en este caso eran los estudiantes.

Desde el punto de vista psicoanalítico, lo que ocurre es que las personas que integran esta gran masa se identifican con un líder. Y siendo la identificación la manifestación más temprana de un vínculo afectivo, al producirse una identificación masiva, se intensifican los sentimientos que se comparten, reduciéndose el egoísmo y el  narcisismo, en beneficio del amor por el otro.

La masa que posee un líder es una reunión de individuos que han reemplazado su ideal del yo por un mismo objeto, con lo cual se establece entre ellos una general y recíproca identificación del yo. Esto se parece mucho a lo que ocurre en el enamoramiento y en la relación hipnótica . La masa le da al líder  las mismas pruebas de amor, sumisión, docilidad y ausencia de crítica e iniciativa. El líder se ha convertido en el ideal del yo. Y así, la identidad del grupo pasa a dominar la identidad individual, produciéndose una suerte de fusión entre todos.

En el caso de Ucrania, inicialmente, el líder fue el movimiento estudiantil, pero poco a poco ese liderazgo mutó en una abstracción. La idea de libertad fue la que terminó por movilizar a  la gran masa. Y eso se expresaba con la contagiosa convicción de que se estaba dispuesto a morir por ella.

Sin embargo, es interesante ver que lo que ocurrió en Ucrania tiene otro aspecto que hay que describir y que merece otra aclaratoria explicativa. Me refiero al nivel de organización que allí se produjo. Me hizo pensar en el instinto de los animales, en esa fuerza que lleva al trabajo de una manera tan sistemática, eficiente y organizada.

Uno de los entrevistados en el documental comentó que ellos apelaron a las normas de sus ancestros. Recordemos que los Ucranianos pertenecen a un país limítrofe, de paso, estratégico políticamente, que siempre fue deseado y sometido a muchos juegos de poder, por lo que su gente ha desarrollado mucha astucia para vivir.

La astucia es una función del yo maduro que nos puede permitir entender la gran diferencia que hay entre la temeridad y la valentía. Tal vez allí encontremos la clave  para explicar el éxito que tuvieron los Ucranianos.

Veamos algunas diferencias entre valentía y temeridad:

La temeridad es impaciente e inconstante. La valentía es firme y tenaz.

La temeridad es una reacción pasional, impulsiva y excesiva. La valentía es prudente y preparada.

La temeridad es codiciosa, intrigante  y destructiva. La valentía se contenta y agradece lo que tiene, comportándose con humildad y sabia administración de lo que va logrando.

La temeridad es orgullosa. La valentía es humilde, requiere entrenamiento y disciplina.

La temeridad busca gloria. Su interés es egoísta, por lo que  es capaz de dividir y arrastrar a los otros hacia su propio estado de debilidad con tal de no pedir ayuda. La valentía, en cambio, busca honor y para lograrlo ayuda a su compañero porque se sabe parte de una comunidad.

La temeridad es blasfema, engendrada por el desafío y la falta de respeto. La valentía es reverente y se acoge a los valores superiores.

La temeridad es una defensa maníaca y omnipotente propia de los estados más primitivos y vulnerables de la personalidad, basada en el odio, el resentimiento  y la envidia.

La valentía es una defensa sana, proveniente de un yo maduro y sensato, que ha aprendido de la experiencia, en contra de la decadencia personal y nacional.

El temerario, entonces, es alguien a quien no le importa nada ni nadie, carece de ideales y de verdadero afecto por nadie. No respeta su vida, por lo que se arroja ante el peligro de manera irresponsable, loca e irracional.

En cambio el valiente es capaz de sacrificar su integridad física, su prestigio y hasta su vida, por amor y por sus convicciones. Y muy contrario a lo que suele pensarse, solo quien es capaz de sentir miedo es quien puede llamarse valiente. Lo que ocurre es que el valiente no deja que el temor lo paralice, sino que lo atiende en tanto señal de alarma, y luego actúa. Por eso, no es lo mismo sentir miedo que ser cobarde.

El valiente es racional, piensa en las consecuencias de sus actos y hasta puede llegar a inhibirse si sopesa que las eventuales consecuencias no lo ameritan. Siempre antepone lo que considera correcto. De hecho, a veces hace falta más valentía para quedarse quieto o retroceder y resistir pacientemente y en silencio, que para dar un golpe. Hace falta más valentía para esperar el momento oportuno para volver actuar sin impulsividad. Obviamente se requiere mucha madurez, prudencia e integridad para lograr este cometido.

¿Cómo entonces integrar estos dos aspectos?: Es decir, la identificación inconsciente que hace ceder la individualidad en favor de la masa, por un lado. Y por otro, la racionalidad necesaria y característica de la valentía sostenida que se requiere para lograr una meta.

De acuerdo a Bion, psicoanalista inglés quien estudió mucho la psicología grupal, en todo grupo hay dos corrientes simultáneas. Una es la corriente objetiva y consciente, que denominó grupo de trabajo. Y la otra, una fuerza inconsciente, a la que denominó supuestos básicos.

Existen tres modalidades de supuestos básicos:

 

– El de dependencia, en el que el grupo sostiene la convicción inconsciente de que está reunido para que alguien, de quien el grupo depende de forma absoluta, provea la satisfacción de todas sus necesidades y deseos.

 

– El de ataque y fuga, en el que el grupo sustenta la idea de que existe un enemigo dentro o fuera del grupo, del cual es necesario huir o atacarlo.

 

– El de apareamiento, en el que el grupo comparte la creencia de que no importa cuál sea el problema presente y las necesidades del grupo, ya que algo o alguien, en el futuro, lo resolverá. Es la esperanza mantenida  a toda costa.

 

Los supuestos básicos, precisamente porque operan de manera inconsciente, representan una interferencia con la tarea del grupo de la misma manera en que los impulsos primitivos pueden interferir con el trabajo de una persona madura. Cuando se está bajo su influencia, los miembros del grupo se encuentran confusos, tienen mala memoria y se desorientan en el tiempo. El lenguaje no se desarrolla como un método para pensar sino como una forma de actuar.

Entonces, cuando el grupo funciona predominantemente bajo la influencia de algún supuesto básico, no aprende ni se adapta a partir de la experiencia, demanda satisfacción instantánea y se resiste al cambio. Y hay un intento del grupo por seducir a los líderes para alejarlos de la tarea.

Esto lo hemos visto en múltiples ocasiones cuando la masa en nuestras marchas le exige a los dirigentes ir hasta Miraflores. No así en lo que pudimos ver en este documental, en donde todos se plegaban a la tarea del grupo de trabajo, retrocediendo cuando era necesario. Eso les permitió organizar centros de comida, asistencia jurídica, puestos médicos, centros de información, en los que todos confiaban plenamente, en lugar de tirarse unos a otros, como muchas veces vemos por estos lares.

Por el contrario, cuando el grupo funciona predominantemente bajo la corriente del grupo de trabajo, entonces se logran las metas.

Sin embargo, es importante tener claro que tanto el grupo de trabajo como los supuestos básicos son dos corrientes, una consciente y otra inconsciente, que se encuentran siempre presentes en diversos grados, aunque en ocasiones alguna pueda predominar sobre la otra. Podríamos suponer que la temeridad se encuentra sustentada por los supuestos básicos, mientras que en la valentía predomina el grupo de trabajo.

Ahora bien, así como es importante comprender el funcionamiento inconsciente individual y colectivo de los grupos de resistencia, también  es necesario tener bien claro cuál es el funcionamiento inconsciente que prevalece en los grupos represores y en el de de todos los actores que intervienen en un proceso como el que ocurrió en Ucrania y está ocurriendo en nuestro país.

Resulta muy difícil equipar lo que ocurrió allá con lo que está ocurriendo en Venezuela. No solo son gestas históricas diferentes, también son diferentes las idiosincrasias de ambo pueblos.

Es por ello que aunque el documental que acabamos de ver en este momento nos parezca extraordinario, porque nos brinda esperanza y nos está brindando la oportunidad de reflexionar y hacer catarsis, es, a mi juicio, un documental extremadamente simplista porque nos brinda una mirada desde una sola perspectiva: la de la gente en la calle.

Relata la historia sin mostrarnos en detalle a los actores internacionales ni a los actores locales desde el punto de vista del gobierno. Sin una mirada socio política un poco más amplia que permita entender de qué va el asunto, sin comprender cuáles eran  y cómo actúan las otras líneas de fuerza que también hacen juego dentro de un conflicto como este, es difícil poder comprender la profundidad de esa experiencia.

Pienso que quedarnos solamente con esta perspectiva puede resultar peligrosamente naife; como naif puede resultar la mirada que desafortunadamente tiene mucha gente en una situación como la de Venezuela, al pensar que el asunto solo tiene que ver con la calle. Cuando esto ocurre se corre el riesgo de actuar con temeridad y no con valentía. Y es que hay que ver la magnitud del narco gobierno al que nos estamos enfrentando los venezolanos.

A los represores de nuestro país les falta la integridad para hacer lo correcto. Les cuesta mucho, porque tampoco ellos son libres,  dejar por fuera los intereses individuales y ventajosos con los que se sirven del oportunismo y la corrupción. Es por ello que  se mantienen indolentes ante el mal de muchos. Como grupo actúan predominantemente, bajo el supuesto básico de dependencia.

Podríamos pensar que al igual que  los jóvenes Ucranianos, nuestros jóvenes guerreros también se sienten estafados. Sienten que la Constituyente en poco tiempo les robará el futuro. Están dispuestos a hacerse matar antes que permitir que Venezuela se transforme en una dictadura  comunista como la de Cuba. Sus actos de defensa los han transformado. También han presentido el poder invencible que les genera pertenecer a esa masa.

Ojalá que como grupo, estén mayormente influidos por la corriente del grupo de trabajo y no por el supuesto básico de ataque y fuga.  Ojalá logren controlar sus sentimientos y no provoquen demasiado al enemigo. Ojalá su valentía pueda ser el producto de un acto racional organizado, para que pueda sostenerse la lucha. Y que la lucha no provenga del odio, la envidia y el resentimiento, sino de la integridad y el amor por la libertad.

Y ojalá los demás actores que se les van uniendo puedan deponer el narcisismo y sus intereses personales, para que no pierdan de vista los ideales superiores que son lo único que le permite al ser humano resistir con valentía y coraje por su libertad.

 

 

[1] Realizado en el Cine foro de Ideas de Babel. Trasnocho Cultural. Caracas 11/6/2017

[2] Psicólogo. Psicoanalista. Miembro Titular en Función Didáctica de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis. (ASOVEP) luciamorabito@gmail.com

Liubliana de Eduardo Sanchez Rugeles, análisis psicoanalítico por la Dra. Lucia Morabito

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Liubliana es una novela que conmueve profundamente porque nos habla de la decadencia de nuestro país, de la decadencia de nuestra sociedad, que se ha llevado a su paso la vida de muchos y la psique de otros tantos .

Describe una generación de jóvenes que, sin haberlo pedido, fueron expulsados de sus vidas y lanzados a un destierro obligado. Muchos de ellos escogieron la emigración como salida, como salida al miedo, a la rabia o al desencanto, con la falsa pero siempre tentadora esperanza, de reconquistar el paraíso perdido.

Digo destierro obligado y aclaro que muchos de ellos escogieron como salida la emigración, porque esta novela también nos habla del destierro obligado que implica dejar atrás la infancia y la adolescencia, para luego aterrizar en un mundo que no se parece para nada al que imaginaron.

Es por ello que Liubliana también es una denuncia contra la ingenuidad, contra la pasividad y el conformismo. Es una invitación a crecer, a no dejarse arrastrar demasiado por la tentación a idealizar, a comprometerse con uno mismo, con lo que se es y con lo que se quiere llegar a ser.

Liubliana es un llamado de alerta para que nadie olvide que nada de lo se hace pasa inadvertido, que todo tiene una consecuencia. Por eso leerla conmueve tanto, porque estimula a la reflexión  sobre lo que se ha sido, lo que se es y lo que se seguirá siendo,  si no se toma conciencia de la propia historia.

En ese sentido leer  Liubliana estimula la función psicoanalítica. Y la función psicoanalítica, o el psicoanálisis, es otra herramienta, además de la buena lectura, que  ayuda a vencer  la ingenuidad, la pasividad y el conformismo.

La emigración, como realidad y como drama, está en la mente de todos los venezolanos. Y así como es la protagonista de esta novela, palpita constantemente en nuestra psique de mil maneras: En unos porque se quieren ir y no pueden, en otros porque no se quieren  ir y no obstante se sienten obligados a hacerlo.  En casi todos porque algún ser querido ya se ha ido. En algunos otros porque se sienten culpables por haber  impulsado a sus hijos a emigrar cuando tal vez no querían irse o aún no estaban preparados para hacerlo. Unos cuantos sienten rabia por piensan que quienes se fueron nos abandonaron, o envidia por  aquellos quienes se fueron y les fue bien. Y así sucesivamente, un sin fin de sentimientos tan variados como variados son los emigrantes y las casusas de su destierro.

En todo caso, la mirada psicoanalítica nos permite ver un poco más allá y tratar de comprender cuál es el significado profundo que para cada quien tiene la experiencia migratoria. Cuáles son la razones inconscientes de semejante decisión, independientemente de que resulte o no exitosa. Qué defensas se usan para tolerar el dolor por la pérdida y cómo cada quien mantiene o transforma su identidad para adaptarse y asimilarse al nuevo país. Lo que sí está claro, es que no hay manera de dejar atrás lo que somos ni lo que hemos sido. Con eso nos tocará vivir donde quiera que estemos.

«El exilio», nos dice Sánchez Rugeles,  «está ensamblado sobre la base de un mito: el resto del mundo es un lugar mejor».

Pienso que la experiencia migratoria y el mito o la fantasía inconsciente  que la sustenta podría conectarse, a nivel inconsciente, con el interjuego de dos grandes corrientes que conforman la vida psíquica y que se influyen recíprocamente: Una de ellas seria: La forma en que se elaboró el Complejo de Edipo y la inevitable exclusión que conlleva. Y la otra, la manera en que se transitó por el eje narcisista del desarrollo.

Con esa idea en mente,  intentaré reconstruir la vida anímica de los personajes de la novela, dándole mayor énfasis, obviamente, a Gabriel y a Carla.

En general, los muchachos del Inírida me hicieron recordar la película Mystic River, dirigida por Clint Eastwood, que iniciaba mostrando la infancia de tres niños, para luego dar paso a lo que cada uno de ellos se convirtió en la adultez. En esa película como en este libro y en la vida misma, las vivencias infantiles son el lugar y el tiempo donde se determina buena parte de lo que será nuestro destino, incluyendo como es obvio, las causas inconscientes de las decisiones migratorias.

Gabriel Guerrero y Carla Ramírez son tristes ejemplos de lo que significa crecer en un ambiente de maltrato, abuso y negligencia. Y maltrato, abuso y negligencia pueden ser sustantivos que describen tanto a una sociedad entera como la vida infantil de una persona determinada.  Cuando ambos coinciden, el efecto psicopatológico puede tener dimensiones exponenciales.

Por lo general definimos  los  traumas como eventos puntuales que cuando ocurren, sobrepasan las posibilidades que tiene una persona para enfrentarlos, en especial cuando ocurren durante la infancia.  En consecuencia,  generan una conducta repetitiva con la que se busca conjurarlos.  Ese fue el caso de Carla Valeria quien , al ser violada por el hermano, perdió la niñez, el candor y la fe.

Inicialmente fue una niña fastidiosa a quien nadie soportaba. Buscaba la atención de sus padres para que la salvaran de los abusos de su hermano. Pero nunca consiguió tener un lugar de cuido y atención verdadera. La iban dejando siempre con terceros que la cuidaran. Solo Gabriel alguna vez la trató con dulzura. Y obviamente en él recayeron sus primeras fantasías amorosas, que podríamos llamar Edípicas, pero que quedaron truncadas porque eran irrealizables.

Así,  todo lo infantil le parecía cursi y creía que Dios era malo. Su salida inicial fue exacerbar su sexualidad y hacerse promiscua e irreverente para exorcizar el miedo. Ese fue su primer y mayor destierro. Y finalmente usó la emigración para borrar su historia e inventarse una vida nueva. No sabemos si lo logra.

Podríamos pensar que no lo logra, sobre todo porque su proceder estaba cargado de agresión y rabia. Su intensa pero muy corta relación con Gabriel luego del reencuentro por Facebook, nos permite inferir que a nivel inconsciente,  seducirlo fue una suerte de revancha, fue como la consumación de una venganza. Y las venganzas, conscientes o inconscientes, sueles despertar culpa.

Pienso que el episodio fue corto porque muy pronto Gabriel se le convirtió en un sucedáneo de Alejandro, del que nunca esperó nada bueno. Al contrario, no hizo sino decalcificarlo y cobrarle ojo por ojo y diente por diente todo lo que ella había sufrido. Esto se le facilitó porque como veremos más adelante, para Gabriel, también e nivel inconsciente, reemplazar a Alejandro era como recuperar el paraíso perdido. Es decir, cada uno compensaba en el otro la realización de sus fantasías más profundas.

Sin embargo, como en todas las parejas, este deseo inconsciente debe permanecer oculto, como un pacto secreto, para que se sostenga la compensación. Es lo que se conoce como el zócalo de la pareja. Cuando por alguna razón este pacto se rompe, se da una descompensación que lleva a una crisis o al fin de la relación.

Pero volvamos a Carla. Desde la eje del desarrollo del Narcisismo, Carla Valeria no pudo obtener el amor y el reconocimiento que permite una verdadera autovaloración.  Al contrario, como ya dijimos, el que la estuviesen dejando siempre al cuidado de un tercero que no le brindara los cuidados necesarios, junto con la consumación del incesto desplazado en su hermano, constituyó un coctel letal que la llevó a conductas promiscuas recurrentes que no hicieron sino lesionarla cada vez más.

Volviendo a los traumas, también existen situaciones menos estruendosas que, por ser constantes, generan una falsa sensación de adaptación que puede pasar desapercibida durante un tiempo, hasta que un buen día cobran su efecto patógeno.  De esto nos habló Freud con el termino alemán  Nachträglichkeit, traducido al francés como apré coup, y en castellano como acción diferida o a posteriori.

Para Freud se trata de dos escenas o dos tiempos que se conjugan para constituir un trauma. Ahora bien,  Laplanche y Pontalis han recalcado que su primordial importancia, no se debe simplemente a una acción diferida, a una causa que permanece latente hasta la oportunidad de manifestarse. Para estos autores, se trataría más bien de una acción retroactiva, desde el presente hacia el pasado, en la que hay una ruptura del tiempo cronológico y de la causalidad mecánica. En su lugar  algo hace, de repente, que la causalidad se vuelva dialéctica y la temporalidad cambie. El pasado y el futuro  se condicionan y se significan recíprocamente en la estructuración del presente.

Pienso que este concepto nos sirve para comprender el quiebre psicótico de Gabriel. Sánchez Rugeles nos lo presenta magistralmente al narrar la diversidad de diálogos que coexisten en su cabeza sin miramiento por el tiempo cronológico. Diálogos que al ser recordados en un momento en particular adquieren otra significación y producen un efecto traumático, devastador, psicótico.

Y es que Gabriel Guerrero nos dice que no tuvo situaciones traumáticas en la infancia. Solo recuerda que fue el hijo menor de la Nena Mercedes Guerrero. Pero al rastrear su historia nos va develando que careció de la posibilidad de ir desarrollando un Self lo suficientemente cohesionado como para tolerar y adaptarse a todo lo que se moviliza con la emigración.

Su madre nunca lo miró. Nunca le devolvió la mirada generadora del placer especular que todo niño requiere para sentirse especial y auto valorarse. Difícilmente puede un ser humano salir ileso de la circunstancia de haber crecido sin padre y haberse desarrollado a la sombra de una madre tan narcisa como la Nena Guerrero, a quien ni si quiere le gustaba que la llamaran mamá.

Su hermana Isabel se convirtió en la hija gorda y fea de la Nena Guerrero para que su madre no la odiara y la envidiara por su juventud. Hasta que decidió irse y encontrar su camino, convirtiéndose en la antítesis de su madre, quien finalmente logró sentirse orgullosa de ella.

En cambio Gabriel se quedó ahí, soportando y habituándose al trato frio de su madre. Con la ausencia de un padre con quien identificarse y con el agravante de presenciar el trato amable que la Nena le brindaba a todos sus amigos que eran alumnos de su madre, a Gabriel siempre le fue negado algún lugar especial. En consecuencia, su único deseo fue el de convertirse en  un hombre común, ordinario e invisible, para que su madre siguiera brillando y no dejara de quererlo.

Afortunadamente, su colegio como ejercito de clones, el Inírida y todos los amigo que allí vivían, la idealización de Alejandro y finalmente su relación con Elena, le dieron la contención necesaria para crecer y desarrollarse y le sirvieron como atenuantes que prolongaron su equilibrio mental.

Pero su entrada a la universidad fue sin pasión. Escogió derecho porque su madre le aseguró que tendría trabajo. Lo mismo ocurrió con la decisión de casarse con Elena, de quien había decidido enamorarse  con la expectativa de felicidad pre fabricada. Fue ella quien lo arrastró a España, lo que le vino muy bien para escapar de la muerte de Alejandro y toda la incertidumbre que su ausencia le dejó.

Entrar en el proyecto de Elena, como sustituta materna, le garantizaba continuidad a su falta de compromiso con la vida ya que, como diría Kohut, el polo de sus ambiciones había quedado truncado por la falta de objetos del self especulares capaces de devolverle una sólida  imagen de sí mismo. Total, la vieja adolescencia había quedado atrás como un reino perdido.

Y así consiguió una beca en Cooperación Internacional, para salvar al mundo. Con esa beca, con el trabajo en la ONG y con la redacción por encargo de los libros de autoayuda, logró mantenerse durante un tiempo tanto económica como psíquicamente, a pesar del aburrimiento y decadencia en que se había convertido su matrimonio luego de la depresión que sufrió Elena tras la pérdida del embarazo.

De manera que la aparición de Carla Valeria en Facebook lo sedujo a reconquistar  el paraíso perdido. En sus recuerdos, mientras él era un pendejo que no sabía que lo era, Carla, la niña más bella del mundo, que siempre había estado enamorada de él, se había mantenido viva en el cementerio de la juventud perdida.  Mientras Gabriel se sentía representante de un no lugar, de una fantasía aérea, en el que le enseñaron a estar orgulloso de un universo que no le pertenecía, a Carla le echaron el mismo cuento y no se lo creyó.

Carla representaba para Gabriel, además, la posibilidad de acercarse al Alejandro idealizado de su memoria. Pero el sueño le duró poco, porque muy pronto Carla le rompe la ilusión alejándose de forma cruel y sádica.

Cuando Gabriel se enteró de la supuesta violación por parte de Spadaro y creyó que la muerte de Alejandro ocurrió por defender a Carla, eso le produjo la fantasía de que él sustituiría a Alejandro, como Carla misma le pedía cuando era niña, que le decía: Si a Alejandro le pasa algo, tú me cuidas?

Por eso le dolió tanto descubrir que el paraíso de Carla había sido más bien un infierno. Pasado y presente se le confundieron, pasado y presente se  re significaron. Ahora, gracias a Carla, él se convertía en Alejandro, en ese Alejandro idealizado. Y al mismo tiempo, debido al alejamiento de Carla, él no lograba terminar de materializar ese deseo.

Y  justo Carla se aleja con indiferencia cuando los referentes externos que estaban dándole contención a Gabriel se comenzaron a quebrar: Los problemas en la ONG, el miedo a que a Mariana le pasara lo mismo que a Javier Cáceres, el fraude por parte del dueño de la Editorial para la que escribía. Y para agregarle leña a ese fuego lento que se venía cocinando en su cabeza, asesinan a Martin.

La angustia fue mayor a la que pudo tolerar y se psicotiza. Delira con que uno perros lo atacan. Defenderse de todos esos monstruos fue más fácil que defenderse de tanta realidad dolorosa. Su única salida fue psicotizarse para encontrar un suelo donde poner los pies.

El segundo episodio psicótico y quiebre definitivo, ocurrió ya después de regresar a Venezuela,  tras la muerte de su madre, quien le hizo saber que ella nunca se había siquiera preguntado si alguna vez estuvo orgullosa de él. Le dice incluso que el orgullo no sirve de nada. Ni siquiera cercana a su propia muerte, puede  esta madre proveerle a Gabriel alguna valoración. Su centro siguió siendo ella misma.

El testimonio de su madre, nos dice Gabriel, lo llevó a percatarse definitivamente, de que él no había sido nada, no había hecho nada. Y esto se vino a sumar a su divorcio,  a la despedida definitiva de Carla y su confesión sobre quién había sido realmente Alejandro. Todo esto lo devuelve a la existencia vacía que ya había venido logrando evadir  precariamente. En esta ocasión, la crisis psicótica no fue suficiente. Su corazón dejó de funcionar.

«El desarraigo no es más que una falsa mudanza. Quizá, aquello que llamamos hogar solo sea una invención de la memoria». Con esta frase ya al final de la novela, Gabriel da cuenta de que el desarraigo que sufrió con su emigración y con todo lo que le ocurrió durante aquel lapso de tiempo en que se psicotizó la primera vez, no fue sino la constatación del desarraigo que ya había sufrido desde su nacimiento y que solo a posteriori pudo resignificar. Y que su hogar o mejor dicho su des hogar, no había sido sino una falsa invención de su memoria.

La psicosis le proveyó el único arraigo posible. El suelo de Liubliana, único lugar donde se sintió amado y donde pudo esbozar alguna ilusión, fue el lugar donde decidió ir a morir.

Antes de finalizar, detengámonos un poco en los otros muchachos de Inírida:

Alejandro era el más inteligente, el más guapo, el mejor alumno del colegio, al que Gabriel idealizaba. Y resulta que los engañó a todos mientras ultrajaba a Carla por las noches. Es el perverso de la historia. Podríamos pensar que su madre lo enalteció tanto que le hizo creer que él tenía derecho a obtener  absolutamente  todo.

Martin era el gallo, el dueño del balón, el enano de lentes, el buena gente. Fue el que terminó abaleado por los malandros. Por confiado y descuidado,  no supo usar el miedo como señal de alarma para protegerse de la violencia. Podríamos pensar que su madre lo sobre protegió tanto que no le permitió desarrollar defensas apropiadas.

Fedor  fue un joven a quien nunca le gustó divertirse y por lo tanto nunca echó raíces en su país. Fue el que emigró sin mirar para atrás, asimilándose al nuevo país y denigrando y descalificando todo lo venezolano. Luego de 10 años, hasta el humor le había cambiado y la complicidad había desaparecido.

Siempre usó defensas maniacas. No se contactaba con los afectos. No quiso hablar de la muerte de Alejandro. Solo le interesaba el Real Madrid. Y cuando Gabriel lo buscó para contarle sobre su angustia con la situación que estaba viviendo con Carla, de forma muy fría y pragmática le dijo: tú eres un guevón y Carla Valeria una puta.  Probablemente provenía de un hogar en el que no hubo espacio para conectarse con el dolor.

Atilio fue el más y mejor conectado con la esencia de la venezolanidad, es decir,  el más arraigado. Fue el único que habiéndose resistido a la tentación de la emigración, se quedó en su país.  Era el gordo, oriental, irreverente que se burlaba y le ponía apodos a todos. Atilio era el de los culos, el que nunca perdía la esperanza. Se hizo médico y se quedó trabajando en el Pérez Carreño.

Al final de la historia le dice a Gabriel que su hijo es el último pensamiento que tiene antes de acostarse y el primero que aparece al levantarse. Es la antítesis de la Nena Guerrero. No quiere que su hijo viva en el país que a él le tocó vivir, y por eso se esfuerza luchando todos los días. Podríamos suponer que a su vez, él fue un hijo muy querido a quien se le inculcó el valor del esfuerzo y del trabajo constante.

Para finalizar y para hacerle honor al enriquecimiento mutuo entre psicoanálisis y literatura, tomaré prestada una metáfora de uno de los libros que leímos en el grupo de lectura en el que participamos un grupo de psicoanalistas con la Profesora María Dolores Ara. El libro es Tres Veces al Amanecer de Alessandro Baricco. Y dice más o menos así:  La vida es como un juego de naipes. No se trata de tener las mejores carta, sino de jugar con las que te tocan, de la mejor forma posible.

El psicoanálisis es una herramienta que nos ayuda a transitar la vida en esa dirección.

 

Vivir, duele. Una revisión de El Extranjero de Camus, por María Dolores Ara

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Albert Camus (1913-1960) dijo del poeta francés René Char que “estaba en la cumbre de nuestro derrumbe”. Es lícito pensar que hablaba de sí mismo en tiempos en los que nuestro derrumbe era apenas un esbozo. Hoy, bajo los escombros, nos preguntamos qué sentido tiene en este siglo de individualismo fotografiado, de ambigüedades morales, de fanático relativismo y sumisión al no-ser de la virtualidad, releer a un escritor cuya preocupación raigal es responder a la pregunta: ¿Qué es lo humano?

Camus escribe sobre el rostro desgarrado de la Europa herida por la Segunda Guerra Mundial. Una Europa degradada por la inmoralidad que corroía principalmente a las instituciones fundadoras de certezas: gobiernos e iglesias. Credos, ambos, donde se imponen verdades forzadas que pervierten la libertad intrínseca del ser. Dogmas a caballo de otros dogmas para castrar al hombre común que queda atrapado bajo su angustia y el disparate del mundo. El duelo entre la pasividad escéptica del individuo extraviado y el mundo absurdo que se hace inabordable es lo que nos cuenta El Extranjero.

Camus, en El Extranjero ( 1947) parece hacer una defensa del ser humano, pero no. Lo que defiende es lo humano del ser, lo humano de la vida como valor sagrado, siempre y cuando cumpla con condiciones para ser tildada de tal.  Se trata de una filosofía vivencial y vital expuesta con una honestidad y una lucidez trágicas. Mersault, protagonista y mártir,  no sabe, ni quiere, fingir. Es un idealista escindido y excéntrico. Bello y extraño, que nos atrae, pero a quien tememos: un unicornio suelto entre aves de corral.

Mersault solo se conecta e integra con  la naturaleza. Ella lo recibe pura, mágica y poderosa en su autenticidad. El mar y el sol de Argelia son madre, patria y amor a la vez. Le otorgan la compañía, la comprensión y la ayuda que la sociedad de los hombres le niega. Mersault es un expulsado, un réprobo de la deshumanización que encuentra refugio en el agua salada y la arena caliente del Mediterráneo. El paisaje es lo único que, como él, no miente.

Nace un anti-héroe solitario, apático, que “no –hace” o hace “sin saber”. Un hombre al margen de la tiranía de las convenciones, a las que considera mentiras para funcionar bien, y entre las cuales incluye al amor. Un hombre sin ambición ni futuro. Desvinculado del tejido social, un mutilado que no siente, ni aparenta sentir. Un hombre que no usa coartadas agotadoras para complacer al entorno: no llora la muerte de la madre, no promete amor eterno a Marie, no niega haber matado a un hombre sin motivo. No se defiende. Mersault, irrita. Exhibe el dolor de vivir sin sentido con una pureza despiadada.

Mersault es el producto de un mundo que se desnaturaliza a pasos agigantados. Es el representante de la desesperanza aceptada. Es el hombre que sin aspiraciones metafísicas, se niega a secundar valores pre-estructurados y escapa de las formas para ir a dar a ninguna parte. No tiene cabida si no tiene una forma aceptada y aceptable.

Camus construye a Mersault, y se construye, a partir de los postulados de Nietzche, Sartre y la teoría del absurdo. Como Nietzche, niega los valores suprasensibles, portadores de verdades, las desnuda dejándolas vacías, muestra la vida como una decepción agotadora e invita a construir una vida que no se niegue a sí misma rindiéndose a estructuras rígidas desoladoras. Acompaña a Sartre en su viaje existencialista en cuanto a integrarse al humanismo como anclaje, en cuanto a definir el ser en cada acto libre , en cuanto a responsabilizarnos por lo que somos más allá del individuo y hacernos en un todo que construya la humanidad entera. Se alejará de Sartre en el planteamiento violento de la acción revolucionaria, en el desencanto por la discriminación ante la participación de las colonias en el partido comunista francés y, sobre todo, en el uso del fin que justifica los medios para el logro de cualquier meta.

El tema del absurdo lo recoge la literatura desde el existencialismo filosófico. Revela la contradicción entre el anhelo humano de armonía y el verificable caos del mundo. El mundo se resiste a la acción auténtica del hombre libre. Por eso, Sísifo es su mejor ejemplo: subir la piedra a lo alto de la montaña sabiendo que volverá a caer, inexorablemente, pero aun así, empeñarse en empujarla como afirmación de una presencia irreductible. Cada nuevo empeño refuerza su condición de hombre libre y victorioso. El absurdo no lo derrota. Subir la piedra, es el único acto con sentido. Me rebelo, luego soy.

Camus nos dice hoy, que es imprescindible contar con un nuevo Humanismo. Un Humanismo revisado y corregido. Que es necesario encontrar lo humano que perdimos. Camus nos invita a rechazar el fraude que somos. Ahora.